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In Peru, 85 percent of farmers and ranchers produce at the family level, with net incomes that are insufficient to raise them above the poverty line. Three million Peruvians depend on coffee, the largest agricultural export in the world, which generates wages for direct labor and services in the production chain. Four hundred and five thousand hectares of coffee is cultivated by 165,000 families (the plantations are spread across 340 rural districts that are situated in poverty or extreme poverty), of which only 28 percent are organized into cooperatives, associations, committees or community enterprises according to the National Coffee Board [1].

The organizations that are the most entrepreneurially dynamic and have developed programs to address the economic crisis are the centrally integrated coffee cooperatives, some of which have operated for three decades in the production and export of high quality coffee. More and more, coffee-growing families are joining coffee cooperatives and associations, not just because of commercial interests (greater profits, increased access to competitive markets) but because of learning opportunities (not just based on production) and social inclusion, especially for those in previously excluded groups, like women and youth.

The history of cooperatives in our country, especially during good years for coffee prices, has motivated producers to revive and strengthen cooperatives. This motivation is supported by the high quality of coffee in Peru, especially that of organically produced coffee, which in recent years has achieved record production and export value.

Since 2010, Heifer Peru has worked with coffee cooperatives to promote the diversification of their production and to strengthen their organizations; in one project executed in northern Peru (Cajamarca and Lambayeque), 1,057 coffee-growing families participated. Taking into account their needs and abilities, training and assistance was provided to improve their food security, diversify their production system, strengthen the capacities of women and men, improve living conditions and expand opportunities for development.

Coffee cooperatives have improved their management and in many cases have achieved direct commercialization, which generates more income for families and gives them a sense of well-being that allows them to focus on other dimensions of their development; for example, revenue can be channeled to education for children.

Cooperatives as a form of association contribute to social inclusion and poverty reduction, in particular for developing countries (UN, Rio+20, June 2012), and allow the exchange of information between partners and peer organizations, the development of commercial initiatives, capacity building, the promotion of food security while creating opportunities for family farmers and energizing local development. Cooperatives are an opportunity for development, not only for families but the community in general. It is important to demand policies that recognize the importance of cooperatives and support their efforts in terms of access to credit, land ownership, organizational strengthening and actual inclusion in the country’s development.

Read more about how Heifer International uses cooperatives in our work around the world.


[1] Founded in 1993, the National Organization of Coffee Growers brings together 236 coffee-growing organizations that represent 40,000 small farmer families organized into cooperatives, associations, committees of producers, community businesses, etc.

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Las cooperativas y su aporte al desarrollo

En el Perú, el 85% de los agricultores y ganaderos son productores familiares, con ingresos netos insuficientes para salir del umbral de la pobreza. Tres millones de peruanos dependen del café- principal producto agrícola de exportación que genera jornales por trabajo directo y por servicios en la cadena productiva. 405 mil hectáreas de esta producción son cultivadas por 165 mil familias (las plantaciones se extienden a lo largo de 340 distritos rurales que se encuentran en situación de pobreza y pobreza y extrema), de éstas apenas el 28% están organizadas en cooperativas, asociaciones, comités y empresas comunales como señala la Junta Nacional del Café (1).

Las organizaciones con mayor dinámica empresarial, y que han desarrollado programas para enfrentar la crisis económica, corresponden a las cooperativas cafetaleras integradas a centrales, algunas de ellas operan hace tres décadas, involucradas en la producción y exportación de café de alta calidad. Cada vez son más las familias cafetaleras que se vinculan a estas asociaciones o cooperativas cafetaleras y no solo con un afán comercial (pues pueden conseguir mayor rentabilidad y el acceso a mercados competitivos) sino por las oportunidades que generan en torno a la mejora de los conocimientos (no solo productivos) y la inclusión social, pues reparan en grupos que anteriormente han sido excluidos, las mujeres y los jóvenes.

La historia cooperativista en nuestro país, sobre todo aquella referida a los beneficios obtenidos en las épocas de buenos precios del café, ha motivado a los y las productoras a la reactivación de sus cooperativas y en muchos casos a su fortalecimiento buscando una gestión efectiva. Esta motivación es respaldada por la oferta importante de café de calidad en el Peru, sobre todo la derivada de producción ecológica, que ha logrado en los últimos años récord de producción y valor de exportaciones.

Desde el 2010, Heifer Perú trabaja con cooperativas cafetaleras promoviendo la diversificación de su producción y el fortalecimiento de sus organizaciones; en el proyecto, que se ejecuta en el norte del Peru, específicamente en Cajamarca y Lambayeque, participan 1057 familias cafetaleras. Tomando en cuenta sus necesidades y potencialidades se brinda capacitación y asistencia para mejorar su seguridad alimentaria, diversificar su sistema de producción, fortalecer las capacidades de varones y sobre todo mujeres, mejorar sus condiciones de habitabilidad y ampliar sus oportunidades de desarrollo.

Las cooperativas cafetaleras han mejorado su gestión y en muchos casos han logrado una comercialización directa, generando mayores ingresos para las familias productoras que les significa un sentido de bienestar que les permite pensar en otras dimensiones de su desarrollo; los ingresos por ejemplo, han sido destinados a la educación de sus hijos que a su vez se constituye en un paso adelante para que la cooperativa se asegure o renueve cuadros administrativos y dirigenciales.

Las cooperativas como forma de asociatividad contribuyen a la inclusión social y reducción de la pobreza en particular en los países en desarrollo (NNUU, Rio+20, junio 2012), permiten el intercambio de información entre los asociados y entre organizaciones pares, el desarrollo de iniciativas comerciales y el fortalecimiento de las capacidades, fomentan la seguridad alimentaria, crean oportunidades para los productores familiares y dinamizan el desarrollo local. Son una oportunidad de desarrollo no solo para las familias que la conforman sino para la comunidad en general, por lo que se demandan políticas que reconozcan su importancia pero sobretodo que apoyen sus esfuerzos en términos de acceso al crédito, la propiedad de sus tierras, el fortalecimiento de sus organizaciones y su inclusión real en el desarrollo del país.

[1] Desde 1993 es la Organización Nacional de Cafetaleros que agrupa a 236 organizaciones empresariales cafetaleras que representan a 40,000 familias de pequeños productores organizados en cooperativas, asociaciones, comités de productores, empresas comunales, etc.

Author

Mariela Wismann